Es una pena que en Europa el centroizquierda también se proponga como alternativa a la derecha partiendo de la crítica a los «excesos de la cultura woke». Desde luego, eso no implica desconocer los males causados por algunos fanatismos: cancelaciones cuestionables, reescrituras anacrónicas de la historia, entre otros. Pero la izquierda debería hacer bandera, precisamente, de todo aquello de lo que hoy se habla y antes no se hablaba. No nos pasamos tres pueblos, es así como avanza la historia.