Para dimensionar el problema: el juego en Brasil aporta tantos impuestos como la agricultura. Pero por cada real ganado, el estado pierde al menos cuatro reales en gastos sanitarios (tratamientos médicos para la depresión) y en costo social (muertes adicionales por suicidio, pérdida de calidad de vida asociada a la depresión y daños asociados al alcohol y al uso de drogas ilícitas).
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