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Se nos fue el Gordo Abel. El dia que entré a Abuelas con la confirmación de que era hijo de Chacho Pietragalla y Liliana Corti me había llamado la atención un hombre que estaba ahí y que no paraba de llorar. Ni bien pude empezar a hablar con él me contó que no podía dejar de mirarme y ver a mi viejo. Abel Madariaga - el bebe- era un compañero de zona norte que tenía como responsable a mi papá. Desde ese día Abel empezó a ocupar un lugar importante en mi vida, no solo por haber conocido a mi viejo si no porque me enteraba que era un padre que buscaba a su hijo apropiado. Comencé a trabajar bajo su órbita en prensa y difusión de Abuelas. Días enteros de charlas, trabajo, jodas, peleas, viajes a las provincias, los famosos sinposios que él organizaba, que eran una buena excusa para comer y juntarnos los jueves hasta tarde con hermanos hijos de desaparecidos. Era el tio Abel. El tío Abel, el de una vida dura con pérdidas irreparables, exilio y más pérdidas. Pero nada de eso lo alejó nunca de su compromiso. Fue el primer y unico padre en estar activamente en Abuelas de Plaza de Mayo. El gordo sin dudas tuvo iniciativas únicas para la Asociación. Una de las alegrías más grandes que tuve en mi vida y uno de los recuerdos más fuertes fue el día que Abel abrazó a Francisco, su hijo, por primera vez en Abuelas. Pudo encontrar a su hijo y tejer con él una relación corta, ya que Francisco nos dejó hace 4 años. Pero él pudo. El gordo, batallador como pocos, ácido, malhumorado, durísimo pero tierno a la vez, valiente. comprometido. Sin duda lo vamos a extrañar mucho. Amaba la buena comida, los buenos vinos... bostero y vasco. Gordo te fuiste, pero a esta vida la domaste una y otra vez. Fuiste un valiente, Abel querido. Recuerdos miles para tenerte presente siempre. Abrazo y buen reencuentro. Hasta la victoria siempre!

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