"Y nos queda Santiago Abascal, el español, un caso muy menor, un funcionario que lleva 25 años empleado por algún partido de derecha. Se diría que el hombre no quiso o supo pensar nada: que se entregó sin resistencias a la supuesta literalidad íbera. En España, dicen, las cosas deben parecerse a lo que son. El señor Abascal es un facha como deben ser los fachas en los sueños de sus mamás fachas, virgen santa: un señor grandote, un poco gordo, que usa la ropa siempre chica para que se le note y una cara de malo de película peor y una barba de barbería barata y el gesto siempre adusto de quien carga sobre sus hombros muchos destinos y una escopeta de juguete. El señor Abascal es, todo él, un malo de juguete. Todo de juguete: su destino depende de cuán niños sean sus compatriotas."
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