MILEI Y MALVINAS: UN NUEVO GALTERIAZO
Los anuncios de Milei recuerdan a la carta de Rodolfo Walsh de 1977 y al desencadenamiento de los hechos que marcaron el año 1982.
Walsh denuncia, a partir del punto 5 de su carta, que las más graves violaciones a los derechos humanos de la dictadura tenían que ver con su plan económico que condenaba a millones a la miseria planificada.
Años más tarde, genocidio mediante, el plan económico colapsó. El 30 de marzo del '82 se dio la marcha por Pan, Paz y Trabajo. Unos días después, Galtiere pronunció en nefasto y célebre "si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla".
¿Y Milei qué? ¿Soberanía? Hablamos del Presidente de la extranjerización de la tierra, que rompió ARSAT, que rompió la Comisión Nacional de Energía Atómica, del RIGI, del súper RIGI, que entregó la vía troncal del Paraná, que destruyó el sistema de ciencia y técnica, el sistema universitario, que promovió una reforma laboral reavivando formas de esclavitud que no subsisten ni en los más crueles reductos coloniales.
Mientra Milei grita y proclama soberanía quiebra al Estado, a sus instituciones y capacidades. Mientras lo hace una naviera anuncia una ruta entre Punta Arenas y Malvinas para proveer logística a Sea Lion (León Marino).
La vocación de luchar por Malvinas debe contemplar que la soberanía es un bien jurídico indivisible. Defenderla es construir un Estado fuerte y estratégico que permita tomar decisiones clave en las áreas clave que marcarán el pulso de la transición en este Siglo XXI.
Estos anuncios son como los de Galtieri. Puro pico, puro humo, mientras desmantelan la Argentina. ¿El motivo? Como el Canciller Costa Méndez la idea absurda de que Estados Unidos brindará apoyo incondicional. Como Galtieri, la idea de que este golpe en la mesa revitalizará un proceso que se cae a pedazos.
Recuperar Malvinas es una causa impostergable de las y los argentinos. Malvinas es una metáfora que simboliza y materializa todo lo que el colonialismo duele y nos quita en términos de posibilidades. Ser soberanista en pensar desde Malvinas toda nuestra Argentina. Es concebir un Estado fuerte y robusto capaz de forjar un modelo de desarrollo y justicia social. Es que ningún pibe se vaya a dormir con la panza vacía, es proveer medicamentos a nuestros viejos.
Es tener universidades fuertes, ciencia fuerte, energía atómica y soberanía digital. Es forjar acuerdos con los países de la región para que el pirata no pueda abastecerse barato. Es pensar la Antártida.
Nada de eso está en la cabeza de Milei-Galtieri, ni en los postulados de esta hipocresía gigante disfrazada de soberanismo. De hecho, desde el CECIM tuvimos que acudir a la Justicia para, primero, frenar la derogación de la ley de tierras (para que no nos compren la Patagonia), y ahora para pedir al Poder Judicial que frene el saqueo de nuestro petróleo.
Milei habrá tomado nota. Como de este sentimiento arraigado, o de la bandera de Lo Celso. Si va a jugar este partido, exijamos coherencia, resultados, y que este señor que nos gobierna deje de romper a la República Argentina.
Recuperar Malvinas es poder investigar, desarrollar allí ciencia e industria. Es poder tener telecomunicaciones y un plan de desarrollo. Es por la vía de la paz y la diplomacia. Es con firmeza frente a los piratas, usurpadores y vividores en todos los frentes.
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