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Milei ha provocado una crisis diplomática. La respuesta de Brasil a su conducta es dura y no solo de palabra. Además de terminar de demoler la ya pésima reputación internacional de su (des) gobierno, Milei ha empujado a la Argentina a un conflicto inédito con su principal socio. La crisis dejará huellas más allá de la actual administración porque la memoria diplomática no olvida fácilmente este tipo de desavenencias. Esto es previsible que ocurra, entre otras cosas, porque nadie en el oficialismo ni ninguno de los funcionarios de la conducción de la Cancillería (ni políticos ni diplomáticos en funciones políticas) ha hecho nada para atenuar el efecto catastrófico de la conducta del presidente. La primera medida adoptada por el gobierno brasileño, la convocatoria al embajador argentino, es una fuerte amonestación pública que denota el alto malestar por lo ocurrido. La segunda, el llamado a consulta a Brasilia a su embajador, es una medida grave que temporalmente reduce el nivel de representación de ese país en la Argentina. El comunicado de Itamaraty destaca que "no hay precedentes de un presidente extranjero que, en territorio nacional, haya acumulado agresiones y ofensas contra el Jefe de Estado, las instituciones democráticas, incluido el Poder Judicial, y el Pueblo brasileño". Los argentinos estamos siendo testigos de hechos que no pueden naturalizarse ni minimizarse. No dejo de preguntarme hasta cuándo toleraremos que se siga destruyendo a la Argentina en todos los planos, incluso, como ocurre con este hecho inusitado, cruzando líneas rojas que ningún gobierno democrático argentino consideró necesario ni se atrevió a trasponer y que la racionalidad más elemental veda a cualquier mandatario que se precie de estar en sus cabales.

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