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Condenamos enérgicamente que los caprichos de Donald Trump se conviertan en sanciones y extorsión imperialista contra quienes defienden la justicia y a los pueblos oprimidos. Tras el merecido Premio Nobel de la Paz a la hermana Navi Pillay, quien tuvo la valentía de denunciar el genocidio en Gaza, las represalias de EE.UU. contra la Corte Penal Internacional demuestran una vez más que el imperio busca castigar a quienes no se someten a sus intereses hegemónicos. Defender al hermano pueblo palestino y denunciar el genocidio es un deber moral ineludible de la humanidad entera. La verdadera paz no se construye con amenazas ni sanciones, sino con el respeto pleno a la soberanía y al derecho internacional; por eso, expresamos nuestro rechazo contundente a este imperialismo decadente que persigue y castiga a quienes luchan valientemente contra los enemigos de la vida.
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