Plinio Apuleyo Mendoza fue un punto de encuentro de muchas personas, hechos e historias. Su temperamento polémico le ponía pimienta a los encuentros sociales en que participaba. Estar con él era una deliciosa oportunidad para aprovechar el espacio de las tertulias presenciales -hoy en vía de extinción digital-. Sus hermanas, Elvira, Consuelo, eran las reguladoras y moderadoras de las enfáticas posiciones que, a lo largo de su vida, fueron variando de la izquierda hacia la derecha. A mí, por supuesto, me gustaban más las primeras que las segundas. Con él se va uno de los grandes polemistas y analistas de la Colombia contemporánea. A sus familiares, y a Patricia, mis sinceras condolencias. Ya no estará Plinio para "prender" los aburridos cócteles sociales bogotanos.
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