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🇨🇺☢️ Esta es una historia sobre niños, pero no es una historia infantil. Un cubano me refirió el comienzo de la trama en el Municipio de Playa, en el oeste habanero, zona de casas oligárquicas sin oligarquía, embajadas sin conspiradores y anchas avenidas sin carros. Recuerdo las palabras exactas del sujeto mientras su dedo apuntaba hacia el este. Por allí –me indicó–, sobre la Avenida Quinta y cerca de la embajada soviética se encuentra el Acuario Nacional.  No importa que la URSS ya no exista y que desde hace tres décadas ese adefesio que remeda a la espada Excalibur enterrada en la roca sea la sede diplomática de la Federación de Rusia; así la llamó él, la embajada soviética, quizás con un dejo de nostalgia. Durante muchos años –agregó– el Acuario permaneció abierto en las noches, pero solo para visitantes exclusivos. Habrá sido el influjo del hotel de lujo que proyectaba su sombra y sus contradicciones sobre nuestro pedazo de costa sin playa, o mis atribuciones excedidas de antropólogo en Cuba, pero la palabra "exclusivo" disparó mis sospechas y me puso a la defensiva. ¿Visitas privadas para turistas acaudalados, tal vez? ¿Espectáculos reservados para los hijos de la burocracia estatal, acaso? Por suerte no alcancé a formular tan estúpidas preguntas, cuando el cubano atajó mis malos pensamientos: –el Acuario solo recibía de noche a los miles de niños y niñas que Cuba trajo para su tratamiento en la isla, después de la tragedia de Chernóbil. ✍️ Sigan leyendo esta maravilla de @LautaroRivara en @RevistaAntagon www.antagon.red/articulo/america-latina/ch...

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