Una condición de la representación es que los representantes no debieran estar muy lejos de sus representados. No es verdad que deban ser iguales -en la izquierda, muchos sectores acomodados han defendido a los trabajadores- pero las apariencias importan. Cuando no es así, incluso cuando desde la buena voluntad se quieren defender los intereses populares, hay cortocircuitos. No digo que sea imposible, pero es más difícil.
Los intereses de los inquilinos y de los propietarios son un juego de suma cero donde, al ser la vivienda un derecho y no una mera mercancía, el mercado no debe ser quien dicte las normas.
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