Ahora que las elecciones vuelven a trastornarlo todo, un reportaje en El mundo (interesado, claro: la derecha no soporta que la vivienda preocupe más que la situación en Ceuta) sobre Diego Rubio, el asesor de @sanchezcastejon, regresa las preguntas que ya nos hicimos con Iván Redondo y el papel de los consultores en las democracias representativas: ¿qué nos cuentan de los líderes políticos sus asesores cuando no profesan la ideología de su partido? ¿Y cuando incluso reniegan de la ideología? ¿No hace ese cinismo político más cínica a la sociedad? ¿Son esos asesores un reflejo del oportunismo hueco y eficaz de Sánchez? ¿Qué efectos a medio plazo produce el asesoramiento a un líder de la izquierda de alguien que no es de izquierdas? ¿Se trata de una actualización eficaz de Maquiavelo que evita el naufragio electoral de los excesos ideológicos propios de la izquierda? ¿Es la demostración de que puedes ganar más fácilmente unas elecciones con astucia y sin ideología? ¿Genera ese oportunismo un aumento de la desafección social hacia la política? ¿Es esa política desideologizada la antesala del auge de la extrema derecha? ¿Se trata de un ejercicio de enorme cintura que permite ganar elecciones que luego permiten desarrollar políticas progresistas? ¿O son cesiones que, de no compensarse con la tensión de un partido-movimiento, simplemente refuerzan el sistema, retrasan el naufragio de las políticas de cambio y debilitan la recomposición de la izquierda? Tampoco nos engañemos. Sánchez gira a la izquierda solo cuando no tiene más remedio o le produce algún beneficio electoral o personal. Cuando Pedro Sánchez pudo, hizo lo que estuvo en su mano para enterrar a @PODEMOS, igual que en su día Felipe González hizo lo propio l con Julio Anguita. Y nadie les dijo que eso era, probablemente, su tumba política.
Mirando lo que pasó en Colombia y lo que acaba de pasar en Brasil, creo que los gobiernos y las campañas tienen que escuchar a quienes saben medir causas y efectos -que no siempre están en los partidos, aunque puede ser- pero siempre cruzándolo con el criterio del partido donde el líder debiera ser un primus inter pares, no quien tome las decisiones. Un candidato electoral no siempre es el mejor líder de campaña y un líder aislado termina enajenado del mundo.
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