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Sobre las primarias en la izquierda Las primarias fueron el mecanismo que buscamos en Podemos para salir de la enorme distancia que había entre la ciudadanía y los partidos en el entorno del 15M. No era novedoso: siempre que la democracia representativa flaquea, hay que regresar a las formas de la democracia directa. La vieja guardia del PSOE salió en tromba a criticarlo. Gracias a las primarias que impulsó Podemos, Pedro Sánchez pudo ganar al aparato de su partido. Criticar a las primarias era el canto de sirena del régimen del 78. La elección a dedo de los cargos daba un poder a las direcciones que hacía que los cargos públicos se parecieran a otros dirigentes pero no al pueblo. De la misma manera que cuando votan solo los militantes, los cargos se parecen a los militantes, pero no al pueblo. Cuanto más gente participa en la elección de sus cargos, la política se hace más útil y se reivindica. En Brasil, los candidatos del Movimiento de los Sin Tierra han sido los que han ganado las elecciones en la izquierda precisamente por esa cercanía. Pero las primarias también tienen deficiencias que conviene no despreciar. En primer lugar, cuando las primarias son reales -y no formas plebiscitarias indirectas- los partidos quedan rasguñados, lo que no es bueno. Y si no hay rasguños, suele ser porque esas primarias tienen algo oculto. Por otro lado, la gente vota en primarias a los famosos -los que salen en la televisión-, que no coincide con los mejores (unas primarias en Brasil habrían elegido a Bolsonaro). En tercer lugar, un partido puede tener más militantes disciplinados que se movilizan en unas primarias que votos en las elecciones (En Colombia, el candidato que ganó las primarias a la alcaldía de Bogotá quedó luego lejísimos del ganador de las elecciones e incluso del segundo). Por último, siempre existe el riesgo de que en esas primarias, cuando son abiertas, voten personas ajenas a ese espacio político, que lo que buscan es que salga el candidato o candidata de peor perfil electoral. El proceso electoral interno del Frente Amplio de Uruguay, formación que tiene ya medio siglo de existencia, no dura nunca menos de un año. Las prisas en España y los arreglos de última hora no son lo mejor. Pero tienen razón los que dicen que no sirven ahora de mucho escuchar a los especialistas en encontrar problemas para cualquier solución. Por todo eso, parece que lo más sensato es buscar alguna fórmula mixta que conjugue la voluntad de los partidos, la voluntad de los militantes y la voluntad de los electores. Y además, es muy probable que buena parte de las caras políticas que hoy están en las quinielas, desaparezcan más temprano que tarde. Así que no nos pongamos estupendos y exquisitos. Del movimiento que ahora mismo está en las calles saldrán los futuros liderazgos. Por tanto, ocupémonos ahora de parar los pies a los fascistas. Todo esto implica que sin primarias es imposible que las fuerzas a la izquierda del PSOE tengan credibilidad en las elecciones, de la misma manera que tampoco funcionarán si las dirigencias de los partidos no entienden la importancia de la unidad (esa que demasiados, de una forma u otra, han bloqueado, insultado y despreciado durante demasiado tiempo). Y esta discusión no debe dilatarse, porque si los mensajes que llegan desde el espacio que alguna vez representó Unidas Podemos sigue siendo el del debate interno, el ruido y el cainismo, dará igual la decisión final porque el pueblo les retirará el apoyo y el advenimiento de los nietos del franquismo será una realidad.

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