El rescate de la figura del padre
Leonardo Boff
El 9 de agosto se celebró el Día del Padre. Constatamos, sin embargo, que una ola de crisis que azotan a la sociedad, al menos a la occidental, no ha dejado indemne la figura del padre. La justa crítica de las feministas al patriarcado y al machismo, y el establecimiento científico de la existencia de una era matriarcal, hace 20 mil años, caracterizada por una profunda integración con la naturaleza y por una intensa espiritualidad, ayudaron a poner en tela de juicio la pretendida primacía del hombre y del padre. Las reflexiones de las mujeres sobre su propia identidad y su significativa presencia en todos los ámbitos de la sociedad, junto con la crítica al poder patriarcal, profundizaron la crisis de la figura del padre.
La compleja división del trabajo en las sociedades modernas ha debilitado, en parte, los lazos familiares, afectando especialmente a la figura del padre. Este se va a trabajar y, no pocas veces, ni siquiera tiene tiempo para hacerse presente junto a su esposa, sus hijos y sus hijas. Por estas razones, algunos estudiosos hablan del eclipse de la figura del padre. Un autor alemán, A. Mitscherlich, escribió un discutido libro: Hacia una sociedad sin padre(1963). Se pasa del padre al grupo de amigos. La tradición psicoanalítica de S. Freud, C. G. Jung y otros otorgó un lugar central a la función de la figura paterna en el desarrollo psicológico de los hijos y las hijas.
Diría que las mujeres, después de tantos enfrentamientos, han definido más adecuadamente su identidad. Mientras tanto, los hombres están en busca de su identidad en un mundo tremendamente modificado y acelerado. Existe una añoranza por el regreso del padre amoroso y por su función. Esto fue expresado hace siglos en la Odisea de Homero, cuando Telémaco, hijo de Ulises, dice: «Si aquello que los mortales más desean pudiera conseguirse en un abrir y cerrar de ojos, lo primero que yo querría sería el regreso de mi padre». Estimo que existe una añoranza de la figura del padre, no patriarcal sino amoroso, y de lo que él representa en el desarrollo de los hijos.
Por eso, aun con los cambios ocurridos, es decisivo rescatar la figura del padre. Es imprescindible para que el proceso de individuación de los hijos y las hijas se realice adecuadamente. La ausencia del padre puede producir graves consecuencias.
No sé cuál es la situación en términos numéricos en nuestro país. Tuve acceso a estadísticas oficiales recientes de Estados Unidos que presentan los siguientes datos: el 90 % de los hijos que habían huido de sus hogares o no tenían vivienda fija provenían de familias sin padre. El 70 % de la criminalidad juvenil provenía de familias en las que el padre estaba ausente. El 85 % de los jóvenes en prisión había crecido en familias sin padre. El 63 % de los jóvenes que se suicidaron tenían padres ausentes. Estos datos me remiten a un inspirador estudio de C. G. Jung de 1949, La importancia del padre en el destino del individuo, y también al de S. Freud de 1924, La disolución del complejo de Edipo.
Curiosamente, el cristianismo muestra un conmovedor regreso del padre en la parábola del hijo pródigo. Aquí se invierten los papeles. El hijo que salió de casa y llevó una vida desordenada siente nostalgia de la casa paterna. Entonces, es el padre quien vuelve hacia el hijo que lo añora, corre a su encuentro, lo colma de abrazos y besos y le prepara un gran banquete porque «este hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido encontrado» (Lucas 15,24). Es la figura del padre amoroso y no autoritario.
Para rescatar la figura del padre, es importante distinguir entre los modelos culturales de padre y la función permanente de la figura paterna. Los modelos varían según las épocas y las culturas: el padre patriarcal, autoritario, amoroso, participativo, compañero y amigo. Una cosa es la figura del padre centralizador en la cultura musulmana, rodeado de mujeres (poligamia), y otra la del padre en la cultura occidental monogámica, y así sucede en los diferentes espacios culturales.
La función del padre constituye una estructura permanente, imprescindible para el complejo proceso de individuación de la persona. En todos los modelos actúa esta estructura permanente del padre, pero sin agotarse en ninguno de ellos. La crisis de los modelos libera esta estructura siempre presente, llamada también principio paterno, permitiendo nuevos modelos adecuados a nuestro tiempo.
Concentrémonos en esta estructura permanente del padre. La figura paterna es responsable de la primera y necesaria ruptura de la intimidad madre-hijo/a y de la introducción del hijo/a en el mundo transpersonal: el de los hermanos y hermanas, los abuelos, los parientes, los amigos de la familia; en una palabra, en el mundo de los muchos, en la sociedad.
En ese mundo de los muchos rigen el orden, la disciplina, la autoridad y los límites. Los padres tienen que trabajar, realizar proyectos, proveer a la familia y ejercer su profesión. Todo ello exige coraje, mostrar seguridad y disposición para realizar los sacrificios necesarios.
Ahora bien, el padre es la concreción de estas actitudes. Es el puente hacia el mundo transpersonal y social. En esta travesía, el niño se orienta por el padre-héroe arquetípico que todo lo sabe, todo lo puede y todo lo hace. Si falta esta referencia, el niño puede sentirse inseguro, perdido y sin iniciativa.
Corresponde a la figura del padre hacer comprender la diferencia entre el mundo de los pocos, el de la familia, y el mundo de los muchos, el de la sociedad. No existe solamente el cobijo, especialmente junto a la madre, sino también el trabajo del padre. No hay solamente ternura, sino también conflictos sociales. No hay únicamente ganancias, sino también pérdidas.
Hay programas de entretenimiento televisivo que exacerban el deseo, haciendo creer que solo el cielo es el límite. Es la ilusión del deseo. Corresponde al padre mostrar que las cosas no son exactamente así y que en todo existen límites. Todos somos incompletos y podemos frustrarnos. Incluso debemos tomar conciencia de que existe la muerte de familiares o de amigos queridos.
Llevar adelante esta verdadera pedagogía, incómoda pero vital, es responder al llamado de la función permanente del padre. Sin ella, el padre está perjudicando a su hijo o hija, tal vez de forma duradera. Una figura paterna bien realizada constituye la base para que el niño pueda tener una buena imagen de Dios-Padre de bondad.
La sociedad moderna, con los televisores, los teléfonos celulares, las tablets y todo tipo de programas virtuales, compite con el padre y le dificulta cumplir su función permanente.
Pero nunca faltan figuras concretas de padres que conocemos, que se han inmunizado frente a la impregnación patriarcal, enfrentan obstáculos y viven dignamente, trabajan duro, cumplen sus deberes de padres, muestran responsabilidad y determinación. Participan de las tareas domésticas.
De esta manera cumplen la función permanente de la figura paterna, función indispensable para que sus hijos e hijas maduren su yo y, sin perplejidades ni traumas, lleguen a ser autónomos y libres. Hasta llegar a ser padres y madres de sí mismos. Es esto lo que este Día del Padre nos invita a reflexionar.
Leonardo Boff escribe para la revista del ICL LIBERTA(revistaliberta.com.br) Escribió también San José: la personificación del Padre (Vozes, 2005), «La figura del padre a la luz de San José», pp. 189-200; y, junto con Rose Marie Muraro, Femenino/Masculino: una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias (Record, 2010). leonardoboff.org)
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