La intensidad de su primer amor.
Anne Carson
Gerión no era un gran conversador.
Pero en aquellos días con Heracles el lenguaje cambiaba de forma.
Las palabras flotaban sobre la mesa como panes calientes.
Se las comían todas.
Heracles solía decir que el cuerpo de Gerión era como un mapa de una isla
que nadie había pisado jamás.
Y Gerión sentía que sus alas rojas,
esas que siempre había intentado esconder bajo el abrigo,
se abrían suavemente en la oscuridad,
no como garras,
sino como sábanas limpias puestas a secar al sol.
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