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Tiempos violentos. Columna completa👇 Son tiempos violentos. Así titula la fundación Pares su último informe sobre el poder armado en Colombia. Una radiografía del crecimiento de la violencia y de la gran expansión de los grupos ilegales. Una muestra de cómo ha crecido la violencia a lo largo de dos gobiernos que desarrollaron estrategias diametralmente opuestas: el de Iván Duque, quien no hizo concesión alguna a la paz; y el de Gustavo Petro, que hizo todas las concesiones. ¿Por qué fracasaron estos dos gobiernos? ¿Por qué no se le pudo dar continuidad a la reducción de violencias que trajo el acuerdo con las FARC? Las cifras son contundentes: el número de municipios con presencia de grupos armados ilegales pasó de 212 en 2018, cuando terminó el Gobierno de Juan Manuel Santos, a 428 en el 2022, cuando lo hizo el Gobierno de Iván Duque. Y luego, en el Gobierno de Gustavo Petro, se incrementó a 518 a corte de 2025. Y es probable que a finales de 2026 alcancemos la pavorosa cifra de 530 municipios con presencia de fuerzas ilegales. En la mitad de los municipios de Colombia hay un grupo armado. Los datos de violencia contra la población son, por sí solos, una sentencia: en 2025, 196 líderes sociales fueron asesinados; se presentaron 311.681 eventos de desplazamiento forzado que arrancaron a familias enteras de sus tierras; y 69.162 personas fueron confinadas en sus territorios. El equipo de Pares hizo un gran esfuerzo para recopilar y analizar la información de lo que hemos decidido llamar “poder armado” en toda Colombia. Nuestra obligación con el país es contar las cosas que pasan y contarlas bien. En ambos gobiernos advertimos paso a paso el rumbo que tomaron los grupos ilegales, un tarea ingrata, pero necesaria. Los datos y el tiempo nos dieron tristemente la razón. Ninguno de los dos gobiernos pudo atajar el crecimiento del poder armado. Lo que hemos visto en este primer mes del Gobierno de Abelardo de la Espriella es una vuelta a los bombardeos, a los operativos contra objetivos de alto valor, a la publicidad de las incautaciones de cocaína, a la erradicación de cultivos ilícitos con la amenaza de que volverán las fumigaciones, a la exhibición de los cadáveres de los ilegales muertos en los bombardeos, a una puesta en escena del poder militar del Estado en cabeza del presidente. Con este informe queremos llamar la atención sobre algo crucial, algo que debemos entender al momento de trazar una estrategia contra la actual violencia: el poder armado de hoy es distinto, muy distinto al que vivimos en los tiempos de las grandes guerrillas y en el postconflicto con las FARC. Esta violencia, que ya no tiene la pretensión de tomarse el poder político nacional pero que se disputa palmo a palmo el control social y territorial en alianza con fuerzas políticas y económicas locales con el propósito de desarrollar jugosos negocios y suplantar al Estado en lo local y que está vinculada al crimen trasnacional y a las nuevas tecnologías, necesita fórmulas muy distintas, estrategias muy distintas, a las que se han ensayado. Corremos el riesgo de hacer lo mismo con un solo ingrediente distinto: el gran espectáculo. Y el 2026 no trae alivio. Ojalá el Gobierno y sus asesores se tomaran un tiempo para leer los distintos capítulos, porque estamos en serio riesgo de caer en las viejas fórmulas sin resultado. Ojalá lo leyeran desapasionadamente para entender qué tipo de enemigo tienen al frente y cuáles son las estrategias más certeras para que las poblaciones y las regiones puedan respirar un poco. #TiemposViolentos #Colombia #ViolenciaEnColombia #PoderArmado #Seguridad #PazEnColombia #DerechosHumanos #LeónValencia

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