Piero, mi querido Piero.
Se nos fue el hijo del querido viejo, el que tenía la piel cansada de la tarde gris y la dibujaba a ella en una servilleta blanca.
Supongo que en su último viaje la ballena sorda no logró acabar con la función porque de vez en cuando viene bien dormir.
Se nos fue Juan Boliche que marcó a tantas generaciones en el amor, en la amistad, en la política…
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