Querido Ezequiel.
Fue un honor enorme entregarte tu título de abogado. Hijo de cartoneros, abogado de cartoneros. Egresado de la universidad pública que vamos a defender con toda nuestra fuerza.
Ezequiel: Remaste contra la corriente empujando el carro hasta llegar desde las calles embarradas del sur hasta Figueroa Alcorta y Pueyrredón -ochava de la injusticia estructural- sin un peso en el bolsillo, pero con el amor de tu familia y el apoyo de tus compañeros en el corazón.
El progreso verdadero nunca olvida sus raíces. Progresar uno para impulsar a todos.
Mi mayor deseo para vos es este: no olvidar de dónde venís, servir al pueblo de todo corazón y honrar el hermoso juramento que implica una enorme responsabilidad, defender la dignidad de las personas y los derechos humanos.
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