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La ratita cobarde pasada de coragil, llamada Almirón, andaba a los besos en la Cámara de Diputados con un señor que se metió ilegalmente en el recinto, mostrando una foto de Videla para provocar. Luego, se dió a la fuga. Cuando le preguntamos a Almirón quién era su amiguito, se negó a identificarlo. Es bastante grave que ingrese un provocador videlista sin identificación al recinto. Daña los procedimientos básicos de la democracia. Hay que frenar a estos nostálgicos de la dictadura. No les tenemos miedo ni vamos a ser sus víctimas, sino su peor pesadilla.

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