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Terminaba otra jornada lamentable en el Congreso. Salíamos de una comisión. Una trabajadora de la cámara de diputados lloraba. Nos abrazamos. Hoy murió su representante. Nuestro compañero. Norberto Di Próspero. Un excepcional dirigente sindical. Comprometido. Honesto. Firme en la defensa de sus trabajadores. Enorme en su inteligencia política. Consciente de la clase que representaba. Alguien que recibía a todos los trabajadores, uno por uno, con la puerta abierta cada día. Por eso, hoy en el Congreso, la tristeza embargaba a todos. En los pasillos, en la mesa de entrada, en la escalera, en el estacionamiento, lloraban a Norberto como se llora a un padre. En esas lágrimas, el mejor homenaje. Quiero expresar mi respeto y admiración por Norberto, mi cercanía a su familia, especialmente a su hija, mi compañera Sol, mis oraciones con la certeza de que está descansando junto a Dios y todos los que como él transitaron su vida luchando por la causa del pueblo.

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