La agenda de tierra, techo y trabajo, empezando por los de abajo, tiene que ser una prioridad del próximo gobierno popular. La integración urbana de los barrios y el acceso a la vivienda es una deuda social enorme. Ni los hijos de los pobres ni los hijos de la clase media pueden siquiera soñar con una casa propia. Asumir la misión de garantizar barrios dignos y viviendas suficientes es un deber moral que además moviliza el mayor dinamizador económico que es la construcción. Hacia eso caminamos.
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