La mentira que usó de excusa el Gobierno para aprobar la reforma laboral fue la promesa de que era la solución definitiva para terminar con la informalidad y generar empleo de calidad.
La realidad se encarga de demostrar otra cosa: el trabajo en negro sube y sube, mientras lo único que baja son los salarios, la calidad del empleo y los derechos laborales.
Los datos oficiales del propio INDEC son demoledores y exponen el fracaso rotundo del relato oficial.
Fracasó el modelo de la desregulación y la quita de derechos.
No generaron inversión ni empleo registrado; solo precarizaron la vida de millones de familias argentinas. Y los únicos beneficiados fueron los grandes grupos empresarios cuyos estudios jurídicos redactaron la ley.
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