El próximo 4 de octubre, casi 159 millones de brasileños están convocados a participar en las elecciones que decidirán quién será el próximo presidente, además de los gobernadores y parlamentarios.
En este escenario, líderes de la extrema derecha de otros países buscan influir en las elecciones mediante acciones que han sido rechazadas en las calles por el pueblo brasileño.
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