Los problemas del mundo existen; pero muchos de nuestros problemas nacen de cómo los nombramos.
Cuando el conflicto Gaza/Israel se formula como la desaparición de uno para que exista el otro, el lenguaje ya contiene la guerra y el asesinato.
Cuando un empresario comete un desfalco y se concluye que toda su red de farmacias debe condenarse, el lenguaje combate algo bueno.
Cuando una persona es cancelada porque hace años dijo que X era un espacio de conversación ejemplar —afirmación que entonces era razonable— y hoy X es un campo de batalla, el lenguaje elimina el tiempo y fija identidades.
El lenguaje abre el mundo --o lo cierra. Fecunda o mata.
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