Mi nieta fue elegida para representar a su curso en los eventos que realizan las Naciones Unidas para examinar cómo va el mundo y le escribí esta carta.
Los de mi generación, con avances y tropiezos logramos dejarles algo a los jóvenes. Ahora es su deber cambiar el rumbo del planeta, con iniciativas que pongan la vida y al medio ambiente sobre intereses económicos y que prevalezca el amor y la paz sobre la guerra.
Es alentador saber que existe esa chispa de cambio, no es demasiado tarde para un mundo mejor.
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