No se puede construir país despreciando a la clase trabajadora, ni mucho menos a quienes migran buscando una oportunidad.
Porque cuando un gobierno decide quién “sirve” y quién no, deja de lado el principio más básico de la justicia: la dignidad humana no se negocia, no depende de la conveniencia ni del lugar de origen.
Como gobierno, vamos a liderar una Colombia que respete y dignifique a toda su fuerza laboral, incluyendo a la población migrante. Ellos deben tener oportunidad de estudio y trabajo dignas.
Una Colombia que gobierne con responsabilidad, y que garantice condiciones dignas para todos.
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