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RodrigMarchena
|60 abriles| Frank Pacheco La ciudad suda un recuerdo de plomo en aquella esquina los hombres sin oficina bailaron en el infierno. Sesenta años más tarde aguardan esas esquinas a hombres sin oficinas y a traidores y cobardes. De golpe, el miedo se desprendió como una cáscara y la proclama fue una saeta que atravesó al invasor en el pecho: ¡Un presidente! ¡Una Constitución! Atónitos, se preguntaban los desembarcados: ¿de dónde saca este pueblo tanta sangre para irla a verter despreocupado en el pavimento, en las aceras, en los techos, en las camisas alcanzadas por francotiradores? Había sangre al amanecer. Atardecía sangre. Había sangre detrás del sol. Caribe y sangre. Sesenta abriles han pasado. Sesenta primaveras del Caribe. Lo que no entendían ni entenderán es el matrimonio de un pueblo con una idea que ni la muerte arranca: ¡Un presidente! ¡Una Constitución! Esa es la aureola que flota sobre estos pueblos. Así es la determinación de la América ensangrentada, inherente a una idea de liberación que la justifica.

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