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MonederoJC
Si hay una institución donde el amor entre hijos y padres emociona es en las monarquías, especialmente en los Borbones españoles. Sólo recientemente: Juan de Borbón traicionó a su hijo entregándoselo a Franco y llamándole Juan Carlos para que no le quitara el título, llegado el caso, de Juan IV; Juan Carlos I traicionó a su padre impidiéndole ser rey y arrancándole la cesión dinástica -con la mediación de su madre-, apenas unos días antes de las elecciones de junio de 1977. El acto no tuvo lugar, como pidió Juan, en el barco del que salió Alfonso XIII de España, sino en un oscuro cuarto de La Zarzuela. Juan Carlos luego traicionó a su hijo no queriendo abdicar pese a Bárbaras, Corinas, defraudaciones y elefantes, y, casi, tumbando la monarquía. El PSOE les salvó. Felipe VI, siguiendo las enseñanzas de la familia, traicionó a su padre dejándolo caer para no hundirse con el Emérito y, ahora, diciendo que no puede regresar a España si no regula sus asuntos fiscales, es decir, nunca. El PP, que tuvo un recorrido similar desde el franquismo a la democracia, es ahora juancarlista, aunque el amigo del Emérito siempre fue Felipe González. Se dice que Abascal tiene buen trato con Felipe VI. Aunque en nuestra España, son los socialistas quienes restauran monarquías. No sé si Leonor será reina, pero si así fuera y la tradición sigue, veremos en algún momento el comportamiento aprendido de Felipe VI y el de Leonor (aquí saldrán también madres y abuelas en el guión) para continuar el buen nombre de los Borbones. Siempre habrá algún escritor decente, como Valle-Inclán, que lo cuente, aunque Luces de Bohemia tardó casi 50 años en estrenarse.

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