La Navidad es una celebración que representa el reencuentro familiar, la paz, el amor y la esperanza, a pesar de los tiempos difíciles que enfrentamos como humanidad.
Lamentablemente también es una temporada del año en la que las grandes desigualdades económicas y sociales generadas por el capitalismo en el mundo se ven con mucha más crudeza en los rostros de lo más valioso que tenemos, nuestra niñez.
Niñas y niños que tienen todo, y millones a nivel mundial que no tienen ni lo más elemental, como agua y comida. Por lo tanto, estos días deben servirnos para reflexionar y para sentir las injusticias como propias.
Valoro mucho a quienes más allá de la caridad, sienten el dolor de quienes no tienen nada y luchan por transformar esa realidad, así como también valoro a quienes llevan sonrisas a niñas y niños para que sigan creyendo en sus sueños.
Las niñas y niños no son solamente la esperanza y el futuro de nuestro país, sino nuestro presente, y es por ellos que debemos seguir trabajando desde donde nos encontremos convencidos de que otro mundo es posible, intentando ser mejores seres humanos cada día.
Mis mejores deseos para todas las familias bolivianas y que la unidad del pueblo nos muestre siempre el camino para la construcción de una Patria digna y soberana.
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