Thread

LeonVaLenciaA
¿Qué significa el ataque a Iran y el asesinato de Alí Jameneí? Lo del ayatolá no va de simpatías. Va de límites. Puedes detestar un régimen, puedes denunciar su represión, su teocracia o su falta de libertades. Pero cuando la política internacional se convierte en “lo matamos y ya veremos qué pasa”, hemos entrado en otra fase. Una que da mucho miedo. No es solo que hayan asesinado a un jefe de Estado. Es la naturalidad con la que se anuncia. La frase triunfal. El tono de videojuego. Como si eliminar a una persona —con todo lo que desencadena— fuera una jugada táctica limpia, quirúrgica, sin consecuencias humanas ni geopolíticas. La historia demuestra que los “cambios de régimen” a misil no traen democracia automática. Traen vacío de poder, luchas internas, radicalización y venganza. Y ese vacío lo pagan siempre quienes no deciden nada: la gente corriente. Las madres que se quedan sin hijos. Los jóvenes que se convierten en carne de frente. Las ciudades que pasan de titulares a ruinas. Hay algo especialmente llamativo en el mensaje que se lanza al mundo: si eres suficientemente poderoso puedes decidir quién gobierna en otro país. Y encima venderlo como una oportunidad histórica para la libertad. Ese discurso lo hemos escuchado antes. Y casi nunca terminó bien. No se trata de blanquear al régimen iraní. Se trata de no blanquear la lógica de la fuerza como sustituto de la diplomacia. Porque cuando normalizamos que un presidente celebre públicamente la muerte de otro líder como si fuera un trofeo, lo que se erosiona no es solo el orden internacional: es la idea misma de que las guerras deben ser el último recurso. Y mientras tanto, el resto del mundo sigue con su rutina. Premios, audiencias, debates internos, polémicas domésticas... Como si el tablero global no estuviera desplazándose bajo nuestros pies. Lo del ayatolá no es un episodio aislado,sino una señal. Y las señales, cuando no se leen a tiempo, suelen convertirse en incendios. Spanish Revolution

Nenhum Voo ainda