Convenzámonos de algo: la polarización política no es un fenómeno natural ni es inevitable. No es parte del carácter de un país, es una estrategia de división que frena el progreso y nos aleja de lo que podríamos construir juntos.
Esta reflexión no nace de la rabia ni del impulso. Está construida a partir de patrones que se repiten en el mundo, de lecciones que nosotros —y otros países— ya aprendimos y que no podemos seguir ignorando.
Cuando toda esa evidencia se junta, la conclusión es sencilla.
Al final de este video les contaré cuál es el origen de esta reflexión que suscribo plenamente.
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