Buscar más amigos, casar menos peleas: esa debería ser la consigna de Colombia frente al mundo.
La diplomacia exige tacto, estrategia y cabeza fría.
Gracias a eso alcanzamos resultados concretos, como el menor número de países exigiendo visa a los colombianos en la historia reciente.
Podemos —y debemos— volver a esos tiempos.
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