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JuanGrabois
NO LA QUIEREN PRESA, LA QUIEREN MUERTA El encarcelamiento y la proscripción de Cristina fueron ilegales e inmorales, pero tenían una racionalidad política: desbandar al peronismo y satisfacer a la oligarquía, quitando de la cancha a una dirigente indispensable del campo popular, nacional y latinoamericano. El agravamiento de sus condiciones de detención, en particular la restricción de visitas y el impedimento del contacto con la luz solar, solo se explican por el revanchismo sádico del poder real, certificado por los escribas del odio disfrazados de jueces. Quieren infligir un tormento físico y psíquico que la lleve a la muerte, no tengo duda. Repito: a la muerte. Los prevaricadores que firmaron esta sentencia son perfectamente conscientes de que las restricciones que imponen —mucho más severas que las de narcos como Fred Machado o genocidas condenados como Jorge Olivera— son extremadamente perjudiciales para la salud de una mujer que sufrió recientemente un cuadro de apendicitis aguda y una infección grave del peritoneo. Lean, si no, el voto en disidencia. A los que, poco memoriosos, dirán que exagero, les contesto: nunca subestimen el odio gorila; es el mismo odio que los llevó a torturar embarazadas, robar bebés y cometer todo tipo de crímenes de lesa humanidad. El terrorismo estatal generalizado de los ‘70 buscó ahogar en sangre el proyecto de una Argentina con justicia social, el terrorismo estatal teledirigido de nuestros tiempos busca lo mismo con otros medios. La libertad de Cristina, además de una tarea política de primer orden, es una deuda de honor de todos los militantes populares y de las personas de buena voluntad. No caigamos en las trampas de la oligarquía. No entreguemos nunca nuestras banderas. No abandonemos nunca a Cristina. No reneguemos de la primera mujer electa presidenta que tuvo la enorme osadía de enfrentar al poder para defender la dignidad de nuestra Patria y darle a nuestro Pueblo un rumbo de progreso económico, social y cultural.

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